Raquel García Hernando

Creatividad. Competencia. Experiencia

Acompañamiento del embarazo y posparto

Vivimos en un momento social en el que las tribus no parecen tener cabida. La familia  se ha hipernuclearizado, y los procesos reproductivos y de crianza se han medicalizado al extremo.

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Aunque a las mujeres  nos digan una y otra vez que estar embarazada no es estar enferma ( de hecho, cada vez se nos exige más a nivel laboral en esa etapa, y cada vez nos vemos más obligadas a demostrar que podemos con todo en todas las facetas de nuestra vida), lo cierto es que todos los aspectos del embarazo se vigilan médicamente, no sólo con visitas al especialista, y a la matrona, sino con un montón de pruebas que se repiten y suceden a lo largo de todo el embarazo.

Por supuesto, hay que admitir que el seguimiento pre-natal, junto a las mejoras en las condiciones de vida (higiene y alimentación, principalmente) han conseguido unos índices de mortalidad materno-infantil que se sitúan en mínimos inmejorables; pero lo cierto es que la vivencia del embarazo está mediatizada por esos seguimientos médicos, y muchas veces, por la conveniencia ajena de protocolos que nada tienen que ver con la familia, ni mucho menos, con la mujer.

El resultado de esta tecnificación, es que la mayor parte de las mujeres pierden la conexión consigo mismas, con su cuerpo, su fisiología, su funcionamiento. Se entra en una espiral infantilizante que muchas veces sirve de abono para partos en los que los protagonistas no son madre e hijo, sino médicos y protocolos.

Yo misma, hace casi 11 años, viví un embarazo-parto inconscientes, de los que no me arrepiento porque aprendí a no volver a repetirlos.

Pero en este momento, cada vez más mujeres se informan, cada vez más madres quieren tomar las riendas de sus embarazos, volver a conectar con sus cuerpos y ser las protagonistas, junto con sus bebés, de ese momento que nos cambia la vida para siempre.

El problema es que, después de casi 2 generaciones de mujeres infantilizadas, de mujeres que no han vivido ese proceso sino a través de los protocolos médicos, no sabemos muy bien cómo recuperar ese poder.

Por eso, uno de los servicios a domicilio que se ofrece desde La Teta y Más, es el acompañamiento al parto consciente.

Una sesión semanal, desde el segundo trimestre, de aproximadamente una hora y media, en la que la familia (madre-padre) y yo misma, hablamos, compartimos e intercambiamos información para llegar a un parto consciente.

En estas sesiones, primero nos conoceremos, para crear un clima de confianza que permita luego preguntar absolutamente todas las dudas, en las que se ofrecerá información veraz sobre nuestros cuerpos y procesos, y en la que se recupere la confianza en ellos, para superar miedos y prevenir bloqueos, y llegar al parto empoderadas.

El trabajo es de ambas partes: en cada sesión van saliendo miedos por parte de la mujer, y luego yo me dedico, durante una semana, a recopilar toda la información sobre el tema que más le preocupa.

El miedo es como una cebolla: tiene muchas capas. En la primera conversación sale un miedo, el que está más superficial, aquél en el que la mujer piensa desde que sabe que está embarazada. Depende de cada una: a lo desconocido, al dolor, a no ser capaz… Durante la semana,  hasta la siguiente cita, recopilo información, herramientas, etc. para poder ofrecer opciones a la mujer para gestionar o superar ese miedo, y de eso tratamos en la cita en su casa. Durante la interiorización de esa información, y en la conversación con ella, sale el siguiente, el miedo que estaba “bloqueado” por el primero. Mi trabajo vuelve a empezar para ofrecer de nuevo opciones la semana siguiente.

Y ésto, sin olvidarnos del padre, el encargado, al final, de acompañar a su mujer en ese momento, que también tiene sus miedos, que lógicamente son diferentes a los de la mujer, abriendo vías de comunicación entre ambos para que los dos sepan lo que esperan y lo que deben dar en el momento.

Y reservando, naturalmente, unos días para hablar de la crianza, de la lactancia, del puerperio. Son los grandes olvidados del proceso, porque normalmente olvidamos que el parto es un momento, un punto de inflexión importantísimo, que da lugar a una situación nueva que va a duran toda la vida.

De esta manera, el parto será como sea, pero será de la mujer y de su hijo, y el compañero tendrá el protagonismo que merece.

No prometo partos cortos, ni fáciles, ni indoloros. Nadie sabe cómo será un parto, y francamente, no creo que sea tan malo un parto largo (que nos puede hacer sentir mucho más poderosas que uno corto), ni un parto difícil, ni un parto doloroso. Creo que lo malo es tener un parto lleno de miedos, en el que nos sintamos inseguras y pequeñas de principio a fin. Se trata, no de aspirar a un parto sin dolor, sino a saber cómo manejarlo cuando éste llegue, y sobre todo, de no generarnos expectativas irreales que nos hagan imaginar partos ideales o que nos dificulten integrar un parto que no es el soñado.

Ofrezco la posibilidad de llegar a ese momento empoderada para sentirse poderosa y dueña del proceso. Y eso, a través de la información y el acompañamiento.

 

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